Vivo en un país ajeno, trabajo en una industria que se encarga de vender la dosis de fantasía diaria que muchos consideramos indispensable para la vida moderna, no seré más específica para evitar problemas legales pero en otras circunstancias podría pasar una tarde explicando a detalle mi oficio.
Pero no siempre fue mi profesión actual la fuente de ingresos en mi vida, hace apenas cuatro años trabajaba de mesera en un salón de baile en la ciudad de México, tenía entonces 27 años y aunque me consideraba una persona madura, hoy en día me doy cuenta de que aún no comprendía como funciona el mundo. Un día saliendo del trabajo a eso de las 4 de la mañana fui testigo de como dos hombres ebrios pateaban a una chica que salía de uno de los hoteles que aún hoy en día se encuentran en la misma avenida que el salón. Cuando los hombres me vieron me persiguieron unas cuadras yo gritaba desesperada, ya había perdido a uno de los dos hombres pero el otro venía tras de mí, lloraba y mi corazón palpitaba a velocidades supersónicas mientras corría pero aún con la adrenalina que mis glándulas secretaban llegó un momento en el que cansada tuve que detenerme, el hombre que en ese momento estaba a unos ciento cincuenta metros, también aminoró su velocidad pero seguía caminando hacia mí. Miré a todos lados para ver si había alguien cerca algunos automóviles pasaban tan rápido por la desierta avenida que no se enteraban de lo que estaba sucediendo, intenté en vano escapar de nuevo, apenas unos segundos después de emprender la huída de nuevo sentí su mano sujetando firmemente mi hombro, me di la vuelta, le di una patada en los testículos y el me arrojó al suelo. Para ese entonces yo estaba petrificada del miedo
el se detuvo frente a mí y me miro mientras una sonrisa se le dibujaba en el rostro entonces lo escuché decir:
- ¡Genial!, dos por uno.
Grité horrorizada mientras el se inclinó hacia mí y me dio un puñetazo, entré en un estado de shock y ni siquiera podía gritar cuando escuche el sonido de una motocicleta deteniéndose frente a nosotros.
- ¡Alto ahí! - Gritó el motociclista.
El atacante salio corriendo pero el motociclista lo alcanzó y una vez en el piso lo golpeó muchas veces, yo tirada en el suelo aun en shock y con un dolor punzante en el rostro fui testigo de como este hombre aún con el casco cubriendo su cara destrozaba a mi atacante a golpes. A lo lejos vi. como el cómplice que ya estaba lo suficientemente cerca como para presenciar todo, huyo hacia la oscuridad de la noche.
El motociclista se acercó hacia mí y me preguntó si estaba bien, yo le dije que si y le dije de la otra chica, llamó a una ambulancia por su teléfono celular y se dirigió en moto a la entrada del hotel donde estaba ella inconsciente en un charco de sangre, en ese momento me desmayé. Tres horas mas tarde desperté en al ambulancia el motociclista no dejo ningún nombre.
Al día siguiente cuando me dieron de alta del hospital me enteré de que la otra chica había muerto y de que nuestro atacante se encontraba en un hospital cercano, decidí hacerle una visita, seguía en coma, en cuanto lo vi sentí al miedo apoderarse de mi pero me subí sobre el y comencé a golpearlo hasta retirar las costras de sangre coagulada en su rostro y después tomé un tubo donde estaba colgada la toalla en el baño y lo estrangulé, no se resistió, cuando abrió los ojos realmente me asuste de nuevo, pero estaba muerto.
Tome mis cosas y me marche, con todo mi dinero salí del país crucé la frontera sur y tome un vuelo a España desde ecuador meses mas tarde, no me arrepiento de lo que hice.
viernes, 23 de enero de 2009
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